SEÑOR, AYUDAME A CAMINAR….
Carlos Rodriguez
Dominicano722@hotmail.com
“Yo he venido para que tengan vida en abundancia. Yo he venido a servir y no a ser servido” Yo sol el Camino. Venid a Mí los cansados y agobiados. No teman, yo he vencido la muerte. No los dejare huérfanos. Yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo. No hay mayor alegría en el cielo cuando un pecador se convierte. Vete en paz y no vuelvas a pecar. Yo soy la Verdad. Yo soy el Buen Pastor. Si conocieras el don de Dios y quien te pide de beber. Yo soy la Paz. Yo soy Rey y para eso he venido. El hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Levántate y anda, toma tu camilla, tus pecados te son perdonados. Todo poder se me ha dado en el cielo y en la tierra. Hay que volver a nacer de nuevo. Hoy a llegado la salvación a tu casa.. Hoy estarás conmigo en el paraíso. Oren para que no caigan en tentación. Felices los que escuchan mi palabra y la ponen en práctica. No pido sacrificios, solo pido un corazón contrito y humillado. Desde hoy en adelante serás pescador de hombres. Hijo he ahí a tu madre...”, dijo: Jesús de Nazareth.
Señor, ayúdame, a escuchar tu voz. Tú eres el Pastor que cuida a sus ovejas. Tú eres el Dios de Victoria. Ven y cura mis heridas. Ven y cólmame de tu amor. Has de mí un hombre nuevo. Concede la sabiduría para vivir en tu alegría. Fortalece mi existencia, para vivir en santidad y amor. Todo es nuevo en Ti. Sólo Tú me amas. Ven y descansa en mi costado. Toma mi ser, toma mi alma. Ven y habita en mi vida. Ven y derrame tu gracia, tu promesa que es fiel. Transfigura mi rostro, que celebre la grandeza de tu amor, como Maria: Ayúdame a decir SI, como la elegida. Ella proclamó con alegría: “Hagan lo que El les diga”. “Desde ahora todas las generaciones me felicitaran. “He aquí la servidora del Señor” Hágase en mi su voluntad”. Señor, ayúdame a caminar en tu presencia, porque solo Tu tienes palabras de vida eterna
Ven y ayúdame, llena mi ser del Consolador, del Paráclito. Ven, Dios mío, Salvador y Redentor. Ven Cristo y Mesías, ayúdame a comprender el misterio de tu gracia, el por que de tanto amor en el calvario. Dame fuerza. Perdona mis culpas. No soy digno de que entres a mi casa; pero una palabra tuya bastara para sanarme. Que quede limpio, así como el leproso se arrodilló y gritó: “Señor, si quieres puedes limpiarme”. Tu misericordia se derramó en él. “Si quiero, queda limpio” Ven a Mi, necesito de Ti, no tardes, ven y no pases de largo. Señor, ayúdame a caminar en tu presencia, porque solo Tu tienes palabras de vida eterna.
3 de julio del 2009
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