NADIE PUEDE DECIR QUE VIVIRA ETERNAMENTE
(A una gran mujer de Dios, Silvia.)
Carlos Rodríguez
Dominicnao722@hotmail.com
Nadie sabe el día ni la hora cuando partiremos de este mundo. La vida es un misterio. La vida es una caja de sorpresa. Hoy podemos estar con alguien a quien queremos y de repente recibimos la noticia de su muerte. ¡Que gran dolor embarga en el alma! Solo Dios tiene marcado el destino de cada ser humano. ¡Que gran tristeza! Cuando al ser que amamos ya no le veremos sonreír ni siquiera amar, porque ha partido a la morada del cielo. Sólo nos resta pedirle a Jesús que nos fortalezca, nos consuele y nos de discernimiento para comprender que la muerte es eterna para los que viven en EL. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
Cada día es una invitación para vivir en Dios. El hombre mientras este en esta tierra tendrá sus dolores de parto. Vivirá en un calvario. Solo los que confían en Dios, podrán sostenerse en la roca que los salva, solo los que se han dejado amar por el Cristo Resucitado, comprenderán que son peregrinos de este mundo, que son mensajeros del Dios Salvador, porque sus vidas pertenecen en vida y muerte, a aquel que fue capaz de donarse en la cruz por amor. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
Cada minuto que vivimos es para dar gloria a Dios y testificar que sólo en El descansamos. Los que mueren en Cristo, duermen en el sueño de la paz, tienen su lugar en el cielo, los que mueren en Jesús, son llevados al trono de Dios, donde los Ángeles reciben a los que han sido humildes de corazón y han servido en santidad y justicia en nombre del Dios glorioso, los que han cumplido la voluntad del Dios Divino. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
La vida es corta, vivámosla en el amor. El tiempo es corto, aprendamos a dejarnos invadir el alma, por el amor misericordioso de Dios, El solo pide que nos amemos los unos a los otros. No cabe dudas, que los que vivimos hoy, mañana no estaremos, y solo quedan los recuerdos, las huellas del testimonio generoso y fiel del tiempo vivido en este universo. Del polvo hemos venido y al polvo volveremos. Para la muerte no hay edad. Para la muerte no hay lugar ni espacios. Dios nos regala a las personas y solo los que tienen ojos, pueden contemplar el mensaje de Cristo a través de aquellos que Dios pone en nuestros caminos. Muchas veces somos tan indiferentes ante los pequeños detalles que Dios nos envía. ¡Que gran pena existe en el ser cuando jamás aprendemos que en cada creatura del Universo hay un mensaje del amor del Cielo. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
Si podemos dar un poco de luz a los demás, no esperemos mañana, porque tal vez seria demasiado tarde. Hoy es cuando debemos pregonar que es posible sembrar la semilla del amor en tantos corazones que viven en amarguras. Si podemos escribir una carta, un poema, una canción, una palabra de consuelo y fortaleza, una palabra de aliento, una llamada inesperada, una visita amigable, un abrazo inesperado, una sonrisa dulce y tierna, una mirada sincera, escuchar al que nos quiere comunicar sus sueños y metas, ayudar al que se siente necesitado, en fin, un detalle en donde se manifiesta que es Dios quien se hace presente, entonces podremos gritarle al mundo que hemos vivido y amado. Hay tantos cosas en como podemos decirle al otro que le amamos. Has algo y se te abrirá el cielo, y aquellos recibieron el amor, solo recordaran y dirán: “He ahí un hijo de Dios que duerme y descansa en la morada de su Señor. Ante la muerte nadie puede escapar. Es una realidad que nadie puede decir que vivirá eternamente.
Vivamos los frutos del Espíritu. Es como sólo daremos testimonios de que somos hijos de Dios. ¡Oh Señor! Que al llegar el momento de nuestra muerte comprendamos que Tú nos llama a estar en tu casa, que podemos gritar: “Padre mío, en tus manos encomendamos nuestro espíritu y a los que seguirán en este mundo, ayúdales a comprender que nadie puede decir que vivirá eternamente
7 de julio del 2009
(A una gran mujer de Dios, Silvia.)
Carlos Rodríguez
Dominicnao722@hotmail.com
Nadie sabe el día ni la hora cuando partiremos de este mundo. La vida es un misterio. La vida es una caja de sorpresa. Hoy podemos estar con alguien a quien queremos y de repente recibimos la noticia de su muerte. ¡Que gran dolor embarga en el alma! Solo Dios tiene marcado el destino de cada ser humano. ¡Que gran tristeza! Cuando al ser que amamos ya no le veremos sonreír ni siquiera amar, porque ha partido a la morada del cielo. Sólo nos resta pedirle a Jesús que nos fortalezca, nos consuele y nos de discernimiento para comprender que la muerte es eterna para los que viven en EL. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
Cada día es una invitación para vivir en Dios. El hombre mientras este en esta tierra tendrá sus dolores de parto. Vivirá en un calvario. Solo los que confían en Dios, podrán sostenerse en la roca que los salva, solo los que se han dejado amar por el Cristo Resucitado, comprenderán que son peregrinos de este mundo, que son mensajeros del Dios Salvador, porque sus vidas pertenecen en vida y muerte, a aquel que fue capaz de donarse en la cruz por amor. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
Cada minuto que vivimos es para dar gloria a Dios y testificar que sólo en El descansamos. Los que mueren en Cristo, duermen en el sueño de la paz, tienen su lugar en el cielo, los que mueren en Jesús, son llevados al trono de Dios, donde los Ángeles reciben a los que han sido humildes de corazón y han servido en santidad y justicia en nombre del Dios glorioso, los que han cumplido la voluntad del Dios Divino. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
La vida es corta, vivámosla en el amor. El tiempo es corto, aprendamos a dejarnos invadir el alma, por el amor misericordioso de Dios, El solo pide que nos amemos los unos a los otros. No cabe dudas, que los que vivimos hoy, mañana no estaremos, y solo quedan los recuerdos, las huellas del testimonio generoso y fiel del tiempo vivido en este universo. Del polvo hemos venido y al polvo volveremos. Para la muerte no hay edad. Para la muerte no hay lugar ni espacios. Dios nos regala a las personas y solo los que tienen ojos, pueden contemplar el mensaje de Cristo a través de aquellos que Dios pone en nuestros caminos. Muchas veces somos tan indiferentes ante los pequeños detalles que Dios nos envía. ¡Que gran pena existe en el ser cuando jamás aprendemos que en cada creatura del Universo hay un mensaje del amor del Cielo. Es una realidad nadie puede decir que vivirá eternamente.
Si podemos dar un poco de luz a los demás, no esperemos mañana, porque tal vez seria demasiado tarde. Hoy es cuando debemos pregonar que es posible sembrar la semilla del amor en tantos corazones que viven en amarguras. Si podemos escribir una carta, un poema, una canción, una palabra de consuelo y fortaleza, una palabra de aliento, una llamada inesperada, una visita amigable, un abrazo inesperado, una sonrisa dulce y tierna, una mirada sincera, escuchar al que nos quiere comunicar sus sueños y metas, ayudar al que se siente necesitado, en fin, un detalle en donde se manifiesta que es Dios quien se hace presente, entonces podremos gritarle al mundo que hemos vivido y amado. Hay tantos cosas en como podemos decirle al otro que le amamos. Has algo y se te abrirá el cielo, y aquellos recibieron el amor, solo recordaran y dirán: “He ahí un hijo de Dios que duerme y descansa en la morada de su Señor. Ante la muerte nadie puede escapar. Es una realidad que nadie puede decir que vivirá eternamente.
Vivamos los frutos del Espíritu. Es como sólo daremos testimonios de que somos hijos de Dios. ¡Oh Señor! Que al llegar el momento de nuestra muerte comprendamos que Tú nos llama a estar en tu casa, que podemos gritar: “Padre mío, en tus manos encomendamos nuestro espíritu y a los que seguirán en este mundo, ayúdales a comprender que nadie puede decir que vivirá eternamente
7 de julio del 2009
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