Carlos Rodríguez 8 de abril 2009.
Acaso “Soy yo, Señor”. Mírame, apártate de mí. Nada puede tan sólo hacer un silencio y escuchar la voz de Dios que llena al alma. ¿Qué ocurría aquel día cuando Jesús hablaba a sus discípulos? ¿Ante la pregunta del Maestro qué pasó en el corazón de aquellos a quienes Dios había elegido para que estuvieran con El y proclamaran la Buena Noticia? Sólo Dios lo sabe. Todos estaban tan consternados y asombrados, allí en la mesa, junto al Maestro, El que más tarde en una cruz iba padecer por nuestros pecados. “El hijo del hombre se va…“! Ay de aquel que va entregar al hijo del hombre!”. Todo tenia que suceder para que se cumpliera la voluntad de su Padre. ”Seré yo, Señor”.también afirmó Judas. “Si os entrego cuanto me daréis”, dijo, el que lo iba a entregar. a los sumos sacerdotes. . ¡Oh Dios mío, por unas tres monedas aceptaste morir en la cruz . ¡Oh Dios mío, perdóname, ¿Quién soy yo? para que te acuerdes de mi.
“Has lo que tengas que hacer. Tu lo has dicho”, respondió, el llamado Judas, quien mas se arrepintió del mal que había hecho. El demonio se apoderó de su corazón ambicioso. Si, el remordimiento lleva a la muerte. El pecado nos hace esclavo y llevamos al inocente al Calvario. ¡Ay de nosotros que cada día entregamos al hijo de Dios por nuestras malas acciones! Si somos nosotros los que a diario somos infieles. El precio de nuestra vida ha sido por amor. ¿Quién es capaz de morir por sus amigos? ¿Quién es capaz de olvidarse de si y buscar la salvación de los demás? La muerte de Jesús ha sido por voluntad de su Padre… “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. “Padre, aparta este cáliz.” Nadie puede beber el cáliz que bebió Jesús. Si viviéramos su mandato con fidelidad. “Ámense unos a otros como yo los he amado”. ¡Oh Dios mío por unas tres monedas aceptaste morir en la cruz. ¡Oh Dios mío, perdóname, ¿Quién soy yo? para que te acuerdes de mi.
La madre de Jesús estuvo al pie de la cruz. ¡Oh señor, te pido por cada madre que sufre por su hijo que es inocente y es abofeteado, por crueles manos. ¡Oh Jesús mío, te pido que mires a cada corazón que desea el mal para que comprenda el precio que costo tu sangre derramada. ¡Cuánto odio en el mundo! ¡Ten misericordia, mira la Humanidad! Todos de alguna manera somos culpables de la muerte del Galileo. ¿Qué estamos haciendo para que en el mundo reine la paz? ¿Olvidamos quien es el Príncipe de la Paz? He ahí en el letrero del madero, decía, “Este es el rey de los judíos”. Sí, mi Señor y mi Salvador, quien entró triunfante a Jerusalén, fue clamado por la multitud ¡Hosanna, Bendito, el que viene en nombre del Señor! Esa misma gente lo llevaría al calvario, lo conduciría hacia el Gólgota. ¡CRUCIFICALO, CRUCIFICALO! Pidamos perdón por las veces que hemos llevado a Cristo a la muerte por nuestros pecados, porque hemos sido como Judas. Jesús fue vendido como si fuera una cosa, un objeto. Jesús tuvo compasión por El y también la tiene por nosotros. ¡Oh Dios mío, por unas tres monedas aceptaste morir en la cruz. ¡Oh Dios mío, perdóname, ¿Quién soy yo? para que te acuerdes de mi?
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